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  • Alguien dijo que las palabras, con un uso fuera de contexto y con fines meramente utilitaristas, se constituyen en simples elementos de estrategias consumistas y así, suelen vaciarse de significado.
    No escapan a este fenómeno -pensamos- dos términos que representan el eje social que más sensibiliza hoy a los argentinos. Así las palabras Seguridad humana, más allá de su indudable trascendencia social, constituyen un arma seductora para promoción de algún curso, seminario u actividad de capacitación.
    Pero, antes de que existieran promocionados diagnósticos y propuestas publicitadas como "excluyentes terapias de la patología social de la inseguridad", es necesario definir de qué hablamos, cuando mencionamos estos dos vocablos que conjugan el desvelo de tantos argentinos.
    De esta manera, la temática de la inseguridad se ha posicionado como "el tema" privilegiado de los medios masivos y también del clásico "boca a boca", que se ensaya en cada barrio de nuestras ciudades.
    En el marco de esta búsqueda, de una definición cabal de seguridad humana, no nos satisfacen definiciones academicistas ni descripciones magistrales que pretenden volver ociosos los debates y hasta evitar la lógica confrontación de múltiples miradas, provenientes de los ámbitos académicos y de la práctica especializada.
    Muy lejos de esta actitud y frente a todas las propuestas que se ofrecen como respuesta a la mayor demanda ciudadana, el Instituto de Ciencias de la Seguridad de la Universidad CAECE ha decidido abordar la cuestión de la seguridad humana, como un concepto integrador. De esta manera se podrían evitar aquellos análisis sesgados, concebidos como mera estrategia de posicionar especializaciones o jerarquizar presuntos "expertos en la temática".
    Hoy nos acosa la necesidad de promover o transcribir, en una elocuente descripción, esa nueva percepción que se ha conformado en base a la confluencia de disímiles percepciones. Es que la presión ejercida por distintos intereses, grados de afectación, niveles de impotencia y hasta de crisis, de desesperanza o amenazas de disidencia comunitaria, desata un conflicto medular en la búsqueda de respuestas participativas.


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El verdadero desafío, más que hallar a presuntos Mesías que lideren vanguardias intelectuales o especialistas que han sabido posicionarse en el vasto "mercado de la seguridad", implica la necesidad de abortar la inminencia de un verdadero cisma o atomización en ese escenario crucial que constituye el imaginario social.
En síntesis: propugnamos no favorecer cierta disgregación en la producción de sentido, que podría vaciar de significado una expresión que se ha vuelto una consigna social.
Necesariamente debería existir un eje articulador semántico que vuelva a la construcción sustantiva "seguridad humana", un símbolo "decodificable" en el amplio debate que genera la actual ola de delitos y violencia.
Para discutir constructivamente y enriquecer el diálogo, es imprescindible saber "de qué hablamos cuando hablamos".